"Do not pray for easy lives. Pray to be stronger men."
John. F. Kennedy


jueves, 1 de enero de 2015

El poder de la agonía.

Podemos retroceder hasta el inicio de nuestros recuerdos de lo que llamamos mundo y recordar que desde el principio de los tiempos existía un antiguo régimen.


El antiguo régimen consistía en una clase de estamentos, exactamente tres: la nobleza, el clero y el pueblo llano. Dos estamentos privilegiados y poderosos contra uno, débil e indefenso. Gran jugada. Jaque mate. 

Podemos sacar una buena conclusión de ello, a no ser que a lo largo de ese proceso, los grandes y bonitos estamentos privilegiados hayan tratado con respeto a sus débiles, haciendo que se sientan igual de fuertes que ellos. ¿Gracioso, verdad?
Desde tiempos inmemorables hemos estado gobernados y oprimidos por los mismos, por gente repetida, familias de reyes o incluso seres que se pensaban que los demás éramos intrusos de sus tierras. Nos lo hemos creído, como simples sinvergüenzas y hemos estado engañados a lo largo de mucho tiempo. Y nadie nos hacía despertar. Nos enseñaron a callar y a mirar a otro lado como simples inútiles, mientras que ellos nos trataban como marionetas de pared. Nos enseñaron a no tener ni voz, ni voto ni palabra. Y sobre todo, a no quejarnos.

Puede que el mundo este hecho para luchar, para defenderse y hacerse el fuerte aún por mucho que no tengas nada, o que no seas absolutamente nadie. Algo insondable es la historia de la humanidad. Nuestros ancestros que no hacían más que mirar al otro lado a cambio de cosas materiales, cuando no se daban cuenta que el mayor tesoro de la vida no era tener mucho, si no tener a los grandes que te hacen sentirte por los cielos.